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jueves, 31 de enero de 2013

LA ISLA DE MILOS PROTAGONIZA LA PARTICIPACIÓN GRIEGA EN FITUR 2013


Milos - Kleftiko

Grecia vuelve a participar en una nueva edición de la Feria Internacional de Turismo, albergando en su stand diferentes empresas y regiones del país. Este año, entre todos los microdestinos que promocionará el expositor, destaca la Isla de Milos, una de las más bonitas islas griegas, y las múltiples posibilidades que ofrece al visitante.

Grecia presentará Milos como una experiencia singular, un viaje a la milenaria historia geológica, repleto de belleza exótica, que únicamente puede realizarse por mar. Los viajeros encontrarán allí lugares repletos de encanto, como el monasterio de Ai Giannis o Sikiá, la cueva sin techo con una diminuta playa donde podrán bañarse entre reflejos de luz, sin olvidar Kléftiko, golfo que se cierra por un conjunto de islas volcánicas que conforman una gran panorámica donde solían parar los piratas y donde el destino recomienda explorar sus fondos marinos buceando, así como sus grutas vecinas.

Milos - Plaka

En Milos también destacan zonas como la playa de Kálamos, al pie de un acantilado, o los islotes volcánicos Glaronísia, que recuerdan a una escultura con columnas estriadas simétricas. Todos estos puntos geográficos, de gran interés turístico, forman un recorrido que puede recorrerse en embarcaciones que parten de Adámantas o Polonia.

FITUR será el marco donde Grecia presentará Milos como un destino donde practicar todo tipo de actividades deportivas, como el piragüismo, que permite acceder, entre otros paisajes, a cuevas marinas donde contemplar numerosas maravillas geológicas. Además, windsurfing, con el golfo de Adámantas y el puerto de Polonia como principales centros; buceo, diurno o nocturno, para principiantes y aficionados; senderismo, para conocer numerosos rincones de la isla, como el lugar donde se encontró la famosa estatua de Afrodita; o ciclismo de montaña, todoterreno y motociclismo.

Pabellón 4, Stand 4C08


jueves, 8 de abril de 2010

EL MISTERIO DE LA AFRODITA DE MILOS


Hoy se cumplen 190 años del descubrimiento de una de las más conocidas esculturas de la Grecia clásica: la Afrodita de Milos. Sí, ya sé que todo el mundo la conoce como Venus, pero tratándose de una obra cumbre del arte griego, descubierta a golpe de azada por un campesino heleno en una de las más bellas islas de las Cícladas: Milos, considero justo -y casi necesario- que todo el mundo empiece a llamarla por su nombre original.

A continuación dejo la reseña que sobre la historia de esta magnífica escultura ha difundido, en la voz de la periodista Nieves Concostrina, el programa En días como hoy de Radio Nacional de España.





sábado, 12 de abril de 2008

ATARDECER EN SARAKÍNIKO


Extracto del "Diario de Nikos-Emmanuel":

"Hoy paso mi última tarde en Milos. Mañana a estas horas estaré paseando por alguna calle del centro de Atenas, y esta maravillosa isla será tan sólo un recuerdo en mi memoria, en mi álbum de fotografías y en mi corazón.
No quiero marcharme de aquí sin conocer Sarakíniko, la gran "estrella" de las playas de Milos. En la guía turística he leído que el nombre de Sarakíniko procede de la palabra griega "Σαρακηνός" (sarakinós), que quiere decir "sarraceno", pues parece ser que este lugar se constituyó en refugio y escondite de los corsarios musulmanes que se dedicaban a saquear las pequeñas islas del mar Egeo.



Una cadena en el camino nos impide seguir adelante. Antonis detiene el coche allí mismo, mientras María me explica que la cadena fue instalada para impedir que los coches llegasen hasta el borde mismo del mar, ennegreciendo así con sus neumáticos la blancura del terreno. Descendemos a pie por un camino, mientras voy quedando maravillado por las increíbles formaciones rocosas que se extienden a derecha e izquierda. Se diría que son capr
ichosas esculturas abstractas cinceladas por un loco artista.
Me siento impresionado por la blancura del paisaje y por la ausencia total de vegetación. Creo que estoy caminando por la mismísima luna. Ando como enloquecido. Cada forma caprichosa de las rocas, cada cavidad llama mi atención. Ya no sé a dónde apuntar con el objetivo de mi cámara, ¡es todo tan hermoso y tan extraño a la vez! De pronto escucho a lo lejos la voz de Antonis: "¡Aquí, aquí!", grita. Me vuelvo y lo veo erguido, inmóvil como una estatua, sobre un pedestal esculpido por el mar y el viento. ¡Eso bien vale una foto!




La tarde va cayendo poco a poco. El terreno, de un blanco cegador cuando el sol está en su apogeo, va adquiriendo lentamente una suave tonalidad cremosa y, más tarde, rosácea. Mientras nos acercamos al mar, María y yo jugamos a declinar palabras. En la lejanía se escuchan las voces de los últimos bañistas, ya en retirada. Gritos de "¡vámonos!", "si no vienes, ahí te quedas", "¡dáte prisa, maláka!"...


De pronto advierto que nos hemos quedado los tres solos. Tomamos, como aquellos piratas sarracenos, posesión de Sarakíniko. ¡Sí, señor! Sarakiniko es nuestro.
El paisaje lunar se ha vuelto ahora polar. parece que en cualquier momento se nos va a cruzar por delante una tribu de pingüinos; tal vez un oso polar... Pero no; no estamos en la Antártida. Seguimos en Grecia, en el Mediterráneo oriental, en el centro mismo del mar Egeo, ese mar de cuyas entrañas han salido imponentes Poseidones de bronce y hermosas Afroditas mutiladas, ese m
ar que atesora todavía tanta Historia en sus profundidades.



Observo que en el blanco suelo de Sarakíniko hay unas grietas enormes , a través de las cuales se escucha el ruído aterrador del batir del mar bajo nuestros pies. Antonis me explica que nos encontramos sobre una enorme cavidad penetrada por el mar y que, en los días en que impera el fuerte viento, por esas grietas sale a presión el agua del mar, como si de un "géiser" se tratara. Creo que mi corazón late ahora más rápido. Siento más que nunca mi pequeñez ante la Naturaleza y su fuerza inmensa. Contemplar una tempestad en Sarakíniko, un día de
frío invierno, debe ser algo terrible y magnífico a la vez. Todo un espectáculo.


Caminando un poco más por el borde de los impresionantes acantilados, descubro un viejo barco encallado muy cerca de la costa que contribuye más, si cabe, a darle un aire trágico al increíble paisaje. Tal vez una terrible tempestad como la que acabo de imaginar lo empujó hasta las rocas y lo convirtió en una atracción turística más de la isla para siempre. Ahora nadie abandona Sarakíniko sin haber posado antes con el naufragio como fondo. ¡Yo tampoco!

De pronto me doy cuenta de que me he quedado completamente solo. María se ha ido alejando poco a poco mientras buscaba conchas y caracolas fosilizadas; Antonis, cámara fotográfica en mano, ha desaparecido entre las rocas. Sí, estoy solo y Sarakíniko es mío, completamente mío. El mar bate bajo mis pies y hace temblar la tierra que piso. El sol también se ha ido; tan sólo una línea azafranada entre el cielo y el mar ha dejado como recuerdo. Sin buscar, encuentro una forma pétrea perfecta para mi cuerpo. Algo así como un sillón o una tumbona ergonómica esculpida por la narturaleza hace miles de años. Mi espalda encaja perfectamente en la roca, los pies en alto para un buen retorno de la sangre hasta la cabeza. Terapia natural al cien por cien. Fotografío uno de los pocos momentos de mi vida en que he sentido la paz y la serenidad absolutas. Cierro los ojos y me duermo arrullado por el relajante sonido del mar... Quiero que este instante sea eterno. ¡Que no corra más el tiempo, por favor!"


Pero el tempo sigue incontenible su camino, y escucho la lejana voz de María proponiéndome declinar una nueva palabra, que en este caso es un verbo: "regresar". Me levanto y echo una última mirada al mar, al barco abandonado, al horizonte donde ya no se distinguen cielo y mar, a las caprichosas rocas, a "mi" Sarakíniko.

En el camino de regreso el paisaje vuelve a ser lunar. La luna aparece sobre el horizonte y no puedo evitar hacer una última fotografía : "La luna vista desde la luna"...
Ahora me espera una tabernita en la playa de Papikinú, donde compartiré mi última cena en Milos con mis amigos y anfitriones.
Mañana me espera un barco que me llevará de regreso a Atenas."