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sábado, 21 de junio de 2014

MARK HADJIPATERAS EN NAFPLIO

Mark Hadjipateras

El pasado día 14 tuvo lugar en Nafplio la inauguración de la esperada exposición del artista Mark Hadjipateras. Artemis Alcalay estuvo allí y fotografió el evento en exclusiva para La Pasión Griega.

Por primera vez desde el año 2008, Mark Hadjipateras presenta sus trabajos en Grecia. El lugar elegido ha sido  Fougaro The Gallery Nafplion, un espacio multicultural de reciente creación que organiza la exposición en colaboración con la galería de arte a.antonopoulou.art.




Mark Hadjipateras explicando su universo artístico a los asistentes

Alexandros Stanas, director general de Fougaro,
y Angeliki Antonopoulou, galerista de Mark Hadjipateras en Atenas

Se exhiben más de 100 obras, principalmente esculturas de pequeñas y grandes dimensiones, muchas de las cuales se muestran  por primera vez al público o han sido creadas especialmente para la exposición, realizadas en fiberglass, aluminio y bronce. Monotipos y óleos sobre lienzo completan esta exposición instalada en el espacio único de 300 m2 de Fougaro The Gallery de Nafplio que, con ocasión de esta muestra, se estrena como espacio expositivo.




En ese gran espacio han aterrizado Mark Hadjipateras y la comunidad multicolor de los City Dwellers, los singulares seres híbridos salidos de su imaginación. Unos personajillos antropomorfos y extrañamente tiernos, habitantes de un universo propio que de inmediato seduce al espectador, obligado constantemente a preguntarse qué son estos seres, de dónde vienen y qué quieren decirle… ¿son extraños hombrecillos o trompetas andantes? Su creador explica que cada uno de ellos tiene su propia personalidad y su propio nombre, que provienen de un universo único, de una historia, un cuento, un mito abierto a la imaginación del espectador.



Junto a los City Dwellers encontramos dos grandes esculturas que dominan imponentes el espacio de la exposición. Cerca de allí están los New Totem, el Árbol, los Antepasados: formas terrestres y atemporales que crean el “Bosque”. Se integran y se transforman conversando a la vez con el universo y con nosotros.



Los monotipos, nuevas creaciones del artista, transforman sus características formas curvilíneas en diseños elípticos que se van transformando en frisos horizontales y verticales. Se trata de óleos realizados en un solo color e impresos después en papel que han sido creados especialmente para esta exposición.




Finalmente nos topamos con el Aluminium World, un paisaje urbano futurista con 250 elementos-personajes que se presenta también por primera vez al público. Aquí, encontramos de nuevo a los City Dwellers, esta vez a pequeña escala y ligeramente transformados para que vivan armónicamente con todos los componentes de su mundo de plata.


La exposición de Mark Hadjipateras forma parte de los programas educativos para niños organizados por los Talleres de Fougaro, e incluye visitas guiadas parta escuelas y visitantes.


Mark Hadjipateras

Mark Hadjipateras
Mark Hadjipateras nació en Londres en 1953. Estudió en Hammersmith y en la St. Martin’s School of Art de Londres, así como también en la John Moores School of Art de Liverpool. En 1982 se trasladó a Nueva York, donde vivió y trabajó durante 20 años. En 2002 se instaló definitivamente en Atenas.

Su trabajo se desarrolla entre la pintura, la fotografía, la escultura y el grabado. Ha realizado instalaciones específicas e intervenciones en galerías de arte y lugares públicos en América y Europa. En el año 2000, el Metro de Nueva York le encargó la decoración de la estación 28th Street. Para ello realizó 40 composiciones elaboradas en mosaico, trabajo que fue premiado por la Municipal Arts Society de Nueva York en 2003. Hadjipateras ha presentado sus obras en más de 100 exposiciones colectivas y en 30 individuales en Grecia, Europa y América. Muchas de sus creaciones forman parte de colecciones públicas y privadas de todo el mundo.

Mark Hadjipateras en el Fougaro de Nafplio
Inauguración de la exposición (14/06/2014)




El Fougaro
El Fougaro es un espacio cultural de reciente creación cuyo núcleo es Fougaro The Gallery Nafplion, una enorme galería de arte que, con una superficie de más de 300 m2 y una altura de 5,5 metros, ocupa el edificio central del histórico complejo industrial “Anthos” en la ciudad de Nafplio y constituye uno de los espacios expositivos más grandes de Grecia.

La entrada al Fougaro

El parking

Aparte de la galería de arte, este multiespacio cultural cuenta con Café, ArtShop, biblioteca y restaurante. El Fougaro, espacio de Vida y Arte, pretende organizar todo tipo de actividades culturales: talleres, conciertos y exposiciones con el arte contemporáneo como eje, y acerca al gran público exposiciones individuales y colectivas de artistas griegos y extranjeros. Fougaro, anoten el nombre y no dejen de visitar este nuevo foco de cultura cuando visiten la hermosa ciudad de Nafplio. 


Dos aspectos de la biblioteca


El ArtShop

Rita Zikidou, responsable de los talleres para niños

Sala de Arte para los niños

El restaurante

 Un aspecto del jardín

Mark Hadjipateras y algunos de los asistentes a la
inauguración, en el jardín del Fougaro

Fotografías © Artemis Alcalay


Página web de Fougaro:


jueves, 11 de junio de 2009

UN DÍA EN NAFPLIO (y IV)


Todavía con el sabor del café en la boca, me dirijo hacia el embarcadero con la idea de visitar el Burtsi, la fortaleza veneciana situada sobre un islote en plena bahía de Nafplio. Por el camino, no puedo evitar detenerme en los escaparates y contemplar la infinidad de preciosos kombolois y begleris que allí se exhiben. ¡Es una obsesión lo mío con estos objetos! Lo cierto es que en esta ciudad encuentra uno los souvenirs más caros de toda Grecia. Abundan los objetos de artesanía de gran calidad: trabajos en madera, cerámica, vidrio y metal que se pueden adquirir a precios casi prohibitivos. De hecho, me enamoré de una preciosa sirena tallada en madera, pintada y envejecida a mano que, con todo el dolor del mundo, no pude comprar por haberme dejado el presupuesto entero de mi viaje en el Museo del Komboloi. Ni una fotografía de recuerdo me permitió hacerle la vendedora con aspecto de severa institutriz alemana. Ya fuera de la tienda, le guiñé el ojo a mi gorgona, mientras la miraba a través del vidrio del escaparate, y le juré regresar a Nafplio un año de éstos y sacarla para siempre de aquella triste tienda.

Espérame aquí, sirena,
que pronto a por ti regreso
para no sentir la pena
de no poder darte un beso.


Tarareando el poemilla (¡lo que hacen un café bien cargado y un par de tragos de uso!) prosigo a paso ligero hacia a el embarcadero. Y al llegar allí, mi gozo en un pozo: el barquero (el único que hay de servicio) duerme plácidamente la siesta en su pequeña nave. Un cartel de cartón torpemente escrito en griego e inglés anuncia que el barco no zarpará hacia el Burtsi "hasta nuevo aviso" (!!!). Sí, señor. This is Greece! Por un instante se me había olvidado que aquí los horarios son meramente orientativos. No puedo esperar a que el señor despierte y perderme mi visita al Palamidi. En fin... ya tengo dos razones para volver a Nafplio: mi sirena y la visita al Burtsi. Esta vez tendré que conformarme con ver la fortaleza (por cierto, antigua residencia del verdugo de la ciudad) desde el puerto y desde las murallas del Palamidi.


El Burtsi desde el puerto


El Burtsi visto desde las murallas del Palamidi


Nada más entrar al Palamidi, compruebo que ya se encuentran allí la mitad de los turistas en los que había reparado por la mañana en las calles de Nafplio. Allí está el dibujante canadiense que comió en el mismo restaurante que yo, justo en la mesa de al lado; la pareja de asturianos a los que ayudé a levantar la enorme moto que se les volcó en plena calle Staicopulu, y los ruidosos argentinos que me pidieron que les hiciera una fotografía en plena Platía Sintágmatos. ¡Aquí el que no corre, vuela!


Una de las entradas al Palamidi

El Palamidi es una enorme fortaleza (veneciana, por supuesto) construida entre los años 1711 y 1714, que debe su nombre a Palamedes. Ciertamente, cuesta creer que este impresionante complejo defensivo cayese en manos otomanas tan sólo un año después de ser inaugurado. Los rebeldes griegos lo ganaron el 30 de noviembre de 1822. Su comandante era Staikos Staicópulos. Claro, ahora comprendo a quién está dedicada la famosa calle Staicopulu...


Relieve con el león de San Marcos, símbolo de Venecia


Entrada al fuerte Andreas

Me siento en el suelo a contemplar la entrada del fuerte Andreas, tal vez el rincón que más me gusta de toda la fortaleza. Seguramente porque el relieve con el león de San Marcos rompe la austeridad y la rudeza de esta construcción realizada toscamente a base de barro y piedras.


Uno de los pasadizos de la fortaleza

El Palamidi es la construcción defensiva más grande de toda Grecia. La enorme muralla comunica siete fortalezas autosuficientes. Leo en la guía, y compruebo después, que las troneras no apuntan sólo al exterior sino que también se apuntan entre sí, en previsión de que el enemigo consiguiera acceder al interior del recinto.


El cuartel veneciano visto desde arriba


Vista de las murallas sobre el acantilado


Siento curiosidad por visitar la mazmorra en la que estuvo recluído el mismísimo Kolokotronis, el artífice de la liberación de Grecia. Tras preguntar a varias personas, consigo encontrarla. es poco más que un agujero sin ninguna clase de ventilación, al que hay que acceder casi arrastrándose por el suelo. Solamente pensar en cómo deben ser allí dentro tan sólo un par de horas en soledad y en medio de la más absoluta oscuridad...


El acceso a la mazmorra


El interior de la celda de Kolokotronis

Mejor será huir rápidamente de tan opresivo ambiente y disfrutar de las preciosas vistas de Nafplio y de todo el Golfo de Argos que el Palamidi ofrece. En el interior de la garita, contemplo las escarpadas costas de la Argólida, sin apenas playas, y el mar infinito que se extiende hacia el sur, allá donde quedan Monemvasía, Kízira, Milos, Creta... Vistas y meditaciones que me llenan de serenidad, si no de paz, en el mismo lugar en que jóvenes soldados venecianos, turcos y griegos pasaron largas horas de guardia, observando con pavor la inevitable llegada del enemigo.




Desde la espadaña veneciana, contemplo Nafplio por última vez desde lo alto. Mientras jugueteo con las cuentas de mi begleri, sonrío y planifico estratégicamente mi regreso a la ciudad: llegaré por mar, conquistaré el Burtsi y atacaré Nafplio a golpe de arcabuz, derrochando pólvora, para liberar así a mi hermosa sirenita de madera.



Un día en Nafplio
Música:"Ta kanikia", Mijalis Nicoludis



lunes, 8 de junio de 2009

UN DÍA EN NAFPLIO (III)

La Platía Sintágmatos. Al fondo, el Museo Arqueológico


El espíritu y el alma ya quedaron bien atendidos en las iglesias que voy dejando a mis espaldas. Es ahora el cuerpo quien pide auxilio ante el ataque incompasivo de un sol que ya cae a plomo. Busco con urgencia una sombra y una Mythos bien fría en cualquiera de las cafeterías de la Platía Sintágmatos o Plaza de la Constitución, auténtico centro de la vida pública de Nafplio. La última vez que estuve aquí, se pagaba en dracmas y los camareros eran locales. Hoy, los tres euros de mi cerveza me los ha cobrado un chaval rubio y de ojos claros que apenas se manejaba en griego. Los tiempos cambian también aquí...


El edificio del Banco Nacional de Grecia


El Vuleftikó, antigua mezquita, sede del primer Parlamento griego

Desde la sombra de mi observatorio, contemplo el paso sin prisa de los viandantes por delante de los históricos edificios que a lo largo de los siglos se han dado cita en esta plaza: el Museo Arqueológico, con su pesada arquitectura, que fue depósito de la Armada veneciana y también, según leo en mi guía, centro de interrogación durante la ocupación alemana. El Teatro Municipal, conocido como Trianón porque así se llamaba el cine que albergó hace años, instalado en el edificio de la más antigua mezquita otomana que se conserva en Nafplio. El edificio del Banco Nacional de Grecia, que combina el estilo neoclásico con cierta inspiración micénica en su fachada. Y, un poco más allá, el Vuleftikó, otra antigua mezquita otomana que dio cobijo al primer Parlamento griego tras la consecución de la independencia y que hoy en día se utiliza como espacio cultural y centro de congresos.



Pero Nafplio es también la ciudad del komboloi, esa especie de rosario que muchos griegos llevan en la mano y con el que juguetean cuando no tienen nada mejor que hacer. Nafplio ha conseguido hacer del komboloi un reclamo turístico más. Y yo, que soy apasionado coleccionista de kombolois y begleris, tengo que apurar presto mi cerveza si quiero llegar a tiempo de visitar el Museo del Komboloi antes de comer.




Situado en una encantadora casona de la muy comercial calle Staikopulu, en la planta baja podemos comprar kombolois de todos los materiales y precios e incluso elegir nosotros mismos las cuentas y los colores para que nos confeccionen nuestro komboloi personal. El museo propiamente dicho se encuentra en la primera planta y alberga una colección de kombolois de todo el mundo (árabes, turcos, tibetanos, hindúes, católicos (rosarios) y, por supuesto, griegos). Algunos de los objetos expuestos datan del año 1750.




Tras visitar la exposición, no puedo resistirme a la tentación de comprar algunos kombolois y begleris para mi colección personal y también para regalar. Adquiero asímismo un libro titulado "El komboloi y su historia", editado por el propio museo. Sobre kombolois y begleris hablaremos con detalle más adelante en las páginas de este blog.




Salgo del museo casi a las dos de la tarde. La calle Staikopulu está a rebosar de gente y hay un idioma que se impone entre todοοs lοs demás entre los viandantes, ¿imagináis cuál?... Efectivamente: el español. Se escucha la lengua de Cervantes por doquier, con todos sus acentos y variantes. Cualquiera diría que hay tres cruceros españoles anclados en el puerto.



Son más de las dos y el hambre aprieta. Habrá que comer bien si quiero completar con éxito el programa que tengo previsto para la tarde: visita al Burtsi y subida al Palamidi.


Καλή όρεξη! - ¡Buen provecho!