Nikos Lygerós - La Masacre de los Inocentes II
Tinta china sobre papel satinado (29,7 x 21cm)
Por Nikos Lygerós
Tout notre
héritage culturel est le fruit des apports de toutes les nations. Nous comprenons ceci d’autant mieux
lorsque nous pensons combien appauvrie eût été notre culture si les peuples
condamnés par l’Allemagne n’eussent point été capables, tels les Juifs, de
créer la Bible ou de donner le jour à un Einstein, à un Spinoza; si les
Polonais n’eussent été à même d’offrir au monde un Copernic, un Chopin, une
Curie; si les Tchèques n’eussent produit un Huss, un Dvorak; si les Grecs
n’eussent donné un Platon ni un Socrate; si les Russes n’avaient offert au
monde un Tolstoï et un Rimski-Korsakov; les Français un Voltaire, un
Montesquieu, un Pasteur; les Hollandais un Erasme, un Grotius et un Rembrandt;
les Belges un Rubens et Maeterlinck; les Norvégiens un Grieg; les Yougoslaves
un Negosti; les Danois un Kierkegaard.
Raphaël
Lemkin
Si
un genocidio contribuye a algo eso es, sin duda, a la conciencia de la pérdida.
Sin embargo, la pérdida tiene que ser perceptible e imaginar su descripción
tangible, en el caso de que haya sucedido. Incluso en el margen de nuestra
lucha por el reconocimiento del genocidio olvidamos a menudo darnos cuenta de
la ausencia de aquellas personas que no nacieron nunca debido a la muerte de
sus antepasados. Pensamos especialmente en unas personas, algunas veces
personas concretas, siempre y cuando sepamos sobre su obra y su contribución al
desarrollo de la Humanidad. Pero ¿quién entre nosotros piensa en las personas
que no tuvieron esta posibilidad? La respuesta es muy fácil: Raphaël Lemkin. Se
trata del creador de la noción de la palabra “genocidio”. Pero él lo profundiza
más. Mediante sus escritos nos muestra el camino humano privado de la voz en la
sociedad del olvido. Separa de las naciones sus frutos para donarlos a toda la
Humanidad. Por lo tanto, las personas son regalos para la Humanidad. En este
margen nuevo, la noción del genocidio obtiene una nueva dimensión que
paralelamente incumbe a la negación del genocidio. Los genocidios ya no son
unos hechos aislados en el tiempo con impacto local, a pesar de su horror. Se
trata de un crimen que se perpetúa al pasar el tiempo siempre y cuando no esté
reconocido. Y esta es la razón por la que un crimen tal contra la Humanidad
sigue siendo tan abominable. Porque no deja de herir a la Humanidad. Esta se
encuentra en la posición de la madre destruida por el bárbaro que le arrebató a
su hijo para decapitarlo. El crimen se concibe dejando un estigma indeleble a
lo largo del tiempo y por la incapacidad del niño de preservarse en la memoria
de su madre eviscerada. Por eso el asesinato cometido es doble. No consigue
sólo la herida sino su permanencia. No se limita sólo a lo simbólico, sino que
anhela la estigmatización también. La crucifixión no es suficiente para el
verdugo porque tiene miedo de la resurrección. La problemática sobre el
genocidio estriba en la duración de la acción, siempre y cuando tendamos a
considerarlo como un simple hecho. Es que nos olvidamos de los descendientes de
las víctimas y sobre todo de su posible contribución a la evolución de la
Humanidad. Esto es lo que el texto de Raphaël Lemkin nos recuerda. Al darnos
los nombres de los seres humanos que ayudaron a la Humanidad, nos hace
comprender de manera tangible la pérdida que representa el genocidio para la
misma. Además, nos permite darnos cuenta de que no incumbe sólo a la Humanidad
del presente sino a la del futuro, que no tendrá la oportunidad de nacer,
vivir, crear. Raphaël Lemkin insiste mucho en este hecho para que podamos
comprender la importancia de la condena de este crimen contra la Humanidad. Por
otra parte esto nos indica que no podemos limitarnos al reconocimiento. Es
necesario pasar a la fase de penalización para condenar a los que querían
decapitar al niño aun cuando la madre fue ya eviscerada. Por lo tanto el
reconocimiento no puede constituir sino el primer paso en el proceso de reparación,
ya que el crimen fue cometido a través del tiempo. Por eso el problema
verdadero del genocidio, en dimensiones humanas, no es su historicidad, ya que
es indiscutible, sino el rasgo diacrónico mediante el genocidio de la memoria.
El crimen contra la Humanidad no tiene lugar sólo en contra de los que
fallecieron sino, sin duda alguna, también contra los que vendrán. Esto es lo
que siempre debemos tener en cuenta al examinar el genocidio y esta es su
contribución.
Cuando naciste después del genocidio
Cuando naciste después del genocidio
no contaste que tú también
debes luchar
por el reconocimiento de la evidencia
y sin embargo, después de tantos años de lucha
ya piensas en cómo seguir
y mostrar a los demás
que todavía son indiferentes
que es lo debido para la memoria.
Nikos Lygerós
No mires a tu genocidio solo
No mires a tu genocidio solo
hay otros también; no te olvides
porque si cada uno reconoce
la memoria de los demás que no se han olvidado
las víctimas se unen
y crean pedazos de humanidad
para soportar juntos los crímenes
de la horrible barbaridad
sin esta acción
cada uno está aislado.
Nikos Lygerós
Traducción del texto y los poemas:
Eduardo Lucena González y Olga Raptopoulou
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