Mostrando entradas con la etiqueta Petros Márkaris. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Petros Márkaris. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de enero de 2016

«LA MUERTE DE ULISES», EL NUEVO LIBRO DE PETROS MÁRKARIS

La muerte de Ulises – Petros Márkaris
Traducción de Ersi Marina Samará Spiliotopulu
Colección Andanzas
Tusquets Editores (Barcelona, 2016)
184 páginas -17,50 €

El próximo 2 de febrero salen a la venta en España las traducciones al castellano y al catalán de «La muerte de Ulises», el nuevo libro del escritor Petros Márkaris. 

Ulises, el protagonista del relato que da título a este volumen, es un anciano griego que, cuando ve acercarse la hora de su muerte, decide que lo entierren en el lugar en que empezó a soñar: Estambul, su verdadera patria. Y es que el pueblo griego vive en el siglo XXI, con la llegada de refugiados que huyen de la guerra, lo que ya experimentó en carne propia a lo largo de todo el siglo anterior: una persecución que terminó para los griegos en una emigración forzosa, y que se narra con gran fuerza en el cuento titulado Tres días. Pero Ulises, recién llegado a su Ítaca soñada, ya sin nada que perder, decide enfrentarse temerariamente a los Lobos Grises, organización paramilitar turca muy semejante a la Aurora Dorada que, en Grecia, rechaza a todo emigrado. Por otro lado, envolviendo los relatos de candente actualidad, Petros Márkaris vuelve a hacernos disfrutar con dos casos protagonizados por el comisario ateniense Kostas Jaritos, cuyas víctimas son un escritor y un director de cine, y una tercera investigación a cargo de su amigo el comisario turco Murat, que transcurre entre los emigrados griegos en Alemania.
Reseña del editor:

Petros Márkaris

Petros Márkaris (Estambul, 1937) es autor de la exitosa serie de novelas policiacas protagonizadas por el comisario Kostas Jaritos y compuesta por Noticias de la noche, Defensa cerrada, Suicidio perfecto, El accionista mayoritario, Muerte en Estambul, Con el agua al cuello, Liquidación final, Pan, educación, libertad y Hasta aquí hemos llegado. También ha publicado el ensayo La espada de Damocles.


sábado, 14 de septiembre de 2013

LA GRECIA DE KOSTAS JARITOS


Kostas Jaritos es comisario de policía de la Ática, en Atenas, destinado en el departamento de homicidios. Ya pasó de los cincuenta años y está casado con Adrianí, una mujer de fuerte carácter, hogareña, austera y excelente cocinera. La hija de ambos, Katerina, prepara su doctorado en Salónica y un enamoramiento a los ojos, con el médico que atendió a su padre, acelera su matrimonio. Jaritos ingresó en el cuerpo de policía en plena dictadura de los coroneles (1967-1974) y ha vivido la reciente Historia de Grecia palmo a palmo, desde entonces hasta la actual crisis, dispuesta a devorarlo todo. Jaritos no es un héroe, ni, a la manera de su colega italiano Montalbano, un empedernido seductor, ni un tipo musculoso, ni un cínico; tampoco le interesa el poder, aunque un ascenso mejore, algo, su mermada economía doméstica; como al resto de los funcionarios, le han rebajado el sueldo, tiene que pagar los plazos de su flamante Seat Ibiza (el comisario compra un coche español por solidaridad con los pueblos del Sur de Europa, frente a la rapacidad protestante de los centroeuropeos) y vive en una modesta casa en la que la vajilla la consiguió el matrimonio gracias a los cupones del periódico.

De la época de los coroneles le queda una curiosa amistad con Zisis, un militante comunista de los de antes, que soportó torturas y detenciones durante los años tenebrosos de los milicos. Kostas tiene dos fieles ayudantes, Dermitzakis y Vlasópulos, y un jefe. Guikas, más político que policía, pero que deja hacer al comisario. Guikas, claro, tiene una secretaria, Kula, que reúne en su despampanante tipazo todas las bellezas griegas que la Historia ha mostrado. Y así, un sinfín de personajes que componen un friso formidable de estos días en Atenas.

Petros Márkaris (Fotografía: EFE/Emilio Naranjo)

Jaritos es la genial creación de Petros Márkaris (Estambul, 1937), y es una lástima que no exista salvo en el papel, porque a uno le gustaría pasar una buena velada con todos ellos, en alguna plaza del popular barrio ateniense de Plaka o por ahí. Magistral el trazo del autor para lograr un perfil tan escalofriantemente verosímil, cuando no real. Con Jaritos, Márkaris ha dado una vuelta de tuerca a la denominada novela negra, porque ya no se trata solo de descubrir quién es el asesino, como en los principios británicos del género; ni de la implacable y escéptica visión de la sociedad que planteó la novela negra (y el cine) norteamericano; o el genio de Simenon, con su estupendo Maigret.

Márkaris, más que Camilleri, por ejemplo, coloca el ángulo de visión en la realidad griega; una sociedad que ha incrementado el índice de suicidios en un 25 por ciento; colapsada porque “los griegos –afirma Márkaris- han perdido el control de su sistema político, están secuestrados por un sistema al que no se pueden enfrentar y no pueden cambiar. Están en estado de choque y en la más absoluta desesperación”.

Márkaris, tras varias novelas protagonizadas por el comisario, decidió entrar en corto y por derecho en las consecuencias, el ambiente, las tramas de la crisis y su influjo en la Grecia contemporánea. De ahí surgió la Trilogía de la crisis, cuyas dos primeras entregas –como el resto de sus obras, editadas en España por Tusquets- fueron Con el agua al cuello (2010) y Liquidación final (2011). Ahora se publica el volumen que cierra la serie, Pan, educación, libertad. Empresarios defraudadores antológicos, políticos cuyo grado de corrupción supera cualquiera de las fronteras morales al uso: “Le diré algo más, comisario. El estado griego es la única mafia del mundo que ha ido a la quiebra. Todas las demás evolucionan y prosperan” (Liquidación final); “Sonríe triunfalmente, porque ha dado el argumento que convencería a cualquier griego moderno. El griego que no piensa que el Estado le roba y no se cre en el deber de desquitarse, o está loco o no es griego” (Suicidio perfecto, 2003).



Refleja Márkaris un periodismo ensimismado siempre en busca del escándalo (“Antes, cuando dos tipos se entretenían en darse coba mutuamente, los llamábamos pelotas. Ahora los llamamos periodistas) o absolutamente previsible: Kostas Jaritos se acerca al kiosko y el vendedor le pregunta: “¿Cuál le toca hoy?” “Lo pregunta –confiesa el comisario al lector- porque compro un diario diferente cada día, bien para variar, bien para constatar que todos me aburren por igual; todavía no estoy seguro” (Suicidio perfecto).

En las novelas de Márkaris queda la huella de un tiempo, de un país, de unas gentes, de una crisis, de manera indeleble. Es preciso en sus descripciones, siempre a los cansados y escépticos ojos del comisario; con un cuidadoso humor, una ironía superlativa en la presentación de los tipos que desfilan por sus páginas, y con ellos el centón de ambiciones, traiciones, mezquindades, mentiras, que conforman un mosaico literario grandioso.

Márkaris se mueve entre la gente común, por las calles, cafés, terrazas en que se mueve cualquiera, sus novelas son un catálogo de Grecia, pero de una Grecia que no aparece en las guías turísticas, ni en los periódicos. Dibuja un mapa y por él pasan y viven y mueren los personajes. Una gran obra novelística que recuerda cómo hoy el género de la novela negra es el género de todos los géneros. Formidable.


Fernando R. Lafuente
“ABC cultural”
Sábado, 14 de septiembre de 2013  



 También recomendamos: 
 en el blog "Grecia en los libros"


miércoles, 10 de julio de 2013

PETROS MÁRKARIS: "EL PROBLEMA EN EUROPA ES QUE LA IZQUIERDA HA PERDIDO SU CAPACIDAD DE HACER PRESIÓN"



Paula Corroto. Gijón

En 2010, el escritor griego Petros Márkaris (1937) confesaba sentirse muy enfadado con la situación que atravesaba su país. Aquel sentimiento le llevó a comenzar su trilogía sobre la crisis, compuesta por los libros Con el agua al cuello, Liquidación final y Pan, educación y libertad. A esta indagación en la actualidad griega se sumó el compendio de artículos titulado La espada de Damocles, en los que mostraba su crítica hacia las políticas de austeridad que habían destrozado al país y las mentiras de la clase política.

Tres años después, Márkaris, que ha regresado a la Semana Negra de Gijón, reconoce que del enfado ha pasado al desánimo y la desilusión. Sus propuestas, que comenta en esta entrevista mientras fuma de su sempiterna pipa, consisten ahora en la necesidad de cambiar el discurso hacia planteamientos más positivos y alejados de la queja, y en la idea de ejercer una presión continua sobre los políticos. Es la única fórmula, según él, de evitar reacciones “preocupantes” como la aparición de partidos neonazis como Amanecer Dorado y de calmar el odio creciente en Europa. “La fractura entre los países es una opción. De hecho, ya hay una ruptura entre el norte y el sur”, alerta.   

Usted dice estar desilusionado. ¿La sensación entre los griegos es la misma?

Sí. Están desanimados, desilusionados y sin esperanza.

¿Qué se ha hecho mal en Grecia en estos últimos años para llegar a esta situación?

Lo primero es que se siguen mirando las cifras, pero no a las personas y, sin embargo, quienes sufren son las personas. Son ellas las que están reaccionando y tengo miedo de estas reacciones. Lo segundo es que siempre se ha mentido a la gente, de tal manera que se le ha metido en una crisis para la cual no estaban ni avisados ni preparados, y se utilizó la mentira desde el principio diciendo que no pasaba nada. Esto fue lo que destruyó la resistencia.

Dice que tiene miedo de las reacciones de la gente. ¿Cuáles pueden ser?

Una reacción es el partido nazi, Amanecer Dorado, que en estos momentos es la tercera fuerza política en Grecia. Es una reacción porque no todo el mundo que vota por ellos son neonazis. Y ojo, porque en el sur siempre se tiene la tendencia a reaccionar fuera del sistema. Es lo mismo que ha sucedido en Italia con Beppe Grillo. Es una reacción enfermiza, pero simplemente eso.

¿Reacciones potenciadas por la política que ha impuesto Alemania?

Por supuesto. Es una situación en la que la política solo piensa en la economía y nada más. Desde hace cuatro años solo hablan los economistas. ¿Y dónde están los políticos? En cualquier caso, es lo mismo porque cuando hablan solo lo hacen de economía. ¿Dónde están los intelectuales y artista que tienen la obligación de hablar a la gente y hacer que la gente entienda? Este es uno de los grandes problemas.

¿Usted habla con intelectuales griegos? ¿A qué conclusiones llegan?

Sí, hablo con ellos, pero la reacción siempre es la misma: no tenemos medios para poder hablar. Por una parte tienen razón, porque los medios siempre se orientaron hacia la realidad económica. Yo tengo la posibilidad de hablar, pero eso no se puede generalizar a todos.

Los resultados de las últimas elecciones en Grecia mostraron una fuerte desafección política. ¿A qué nos puede llevar? Cuando en otras épocas ha surgido esta desafección han surgido grandes problemas en Europa.

La clase política griega ha perdido cualquier posibilidad de convencer a la gente. Digan lo que digan, la reacción de la gente siempre es la misma: los políticos mienten. Pero necesitamos una clase política porque sin ella no podemos salir de la crisis. Es un recurso fácil decir que no necesitamos a los políticos y además no es cierto. La única forma que tenemos no es ignorarlos en absoluto, sino hacer presión sobre ellos.

¿Estamos en Europa como en los años treinta?

Tenemos aspectos comunes, pero no creo que puedan ser identificables. Hay una realidad similar en el sistema económico, pero no sucede lo mismo con la política. La crisis de los años treinta era muy grave, pero hubo fuerzas políticas que la combatieron. Actualmente uno de los grandes problemas en Europa es la desaparición de la izquierda. En todos los países de Europa, en Grecia, Italia, España, se ha producido esta situación.  Por su culpa, la izquierda ha perdido su capacidad de hacer una presión sobre la clase política. Esto, sin embargo, no sucedió en los años treinta.

¿Por qué ha desaparecido la izquierda? ¿Cuál ha sido el error?

El gran error fue en que se convirtió en un partido del sistema. Piensa como el sistema. Y señalar algunas diferencias en su política no significa que pueda ejercer una presión sobre el sistema. En España ha ocurrido lo mismo. Si ustedes tienen una fuerza de izquierdas que ha formado parte del Gobierno, poca presión puede hacer sobre el Gobierno. La izquierda siempre fue una fuerza que trabajaba por un programa y que ejercía presión para conseguir ese programa, pero ahora esa presión no existe.

¿La solución para la izquierda son partidos como Syriza?

No, porque Syriza dice cada día una cosa distinta y lo que quiere en realidad es hacerse cargo del Gobierno. Mi pregunta es ¿para qué?, ya que no tienen ningún programa que permita  al país salir de la crisis.

Entonces, ¿usted qué propone para la izquierda?

Esa es una buena pregunta, pero los escritores tenemos una ventaja: planteamos preguntas sin necesidad de tener respuestas. En cualquier caso, la respuesta sería la lucha de la clase política, pero es que ellos tampoco saben muy bien por dónde tienen que ir. Y por eso ahora nos encontramos en un impasse.

¿Este 'impasse' nos puede llevar a una fractura en Europa?

Sí. Es algo que me da miedo, pero es una opción. De hecho, ya hay una ruptura entre el norte y el sur.

¿Causada por el norte?

Causada por una política falsa que está dirigida y diseñada por los países del norte y del centro. Cuando yo hablo de las diferencias culturales entre norte y sur, además de la economía, señalo también que hay una mentalidad que nos separa. Por lo tanto, plantear medidas que no incorporan esas diferencias y esas peculiaridades culturales no pueden funcionar. El sur siempre tiene periodos de crisis contra el sistema. No quiero entrar en si es una situación correcta o no, pero esa es la realidad. Así que, o se tiene en cuenta esta diversidad de los países del sur o las políticas no van a funcionar. El gran error de todo esto fue el hecho de identificar Europa con el euro, pero Europa no es el euro. Ahora bien, seamos sinceros. Todos aplaudimos el euro cuando llegó. Yo también. Ahora vemos que no era la solución correcta para Europa, pero en estos momentos ya es muy tarde para dar marcha atrás. Suelo poner como ejemplo el laberinto: antes de entrar en el laberinto podemos elegir qué camino tomar, pero una vez dentro no podemos volver atrás y salirnos. Ahora estamos dentro del laberinto y sólo podemos luchar para encontrar la salida.

Es decir, usted no cree que la solución sea volver a las monedas nacionales como el dracma en Grecia.

La historia de la tercera novela de la trilogía comienza el uno de enero de 2014, día en el que Grecia, Portugal y España vuelven a sus monedas nacionales. Es un planteamiento de trabajo: qué pasaría si esto sucediera. Y la cosa no va bien. No, no es la solución.

Grecia fue rescatada por Europa, y en otros países como España, los bancos tuvieron que ser recapitalizados. Hoy mucha gente critica esta solución. ¿Usted está de acuerdo?

Es que es muy paradójico porque ¡fueron los bancos quienes destruyeron el sistema! Es todo muy contradictorio porque ahora tenemos una coalición en Grecia con un partido de centroderecha y un partido de centroizquierda coaligados para salvar el país cuando fueron precisamente ellos quienes hundieron el país. Por tanto, tratar de convencer a la gente de que los que destruyeron al país van a ser los que puedan salvar al país es absurdo. Y lo mismo sucede con los bancos. Se han recapitalizado para salvar el país, cuando fueron ellos los que lo destruyeron. Lo peor de todo esto es que nadie tiene la más mínima idea de cómo resolver la situación.

Y hay muchos ciudadanos que piensan en sus depósitos y en que estos queden a salvo.

Sí, la gente dice que si se deja caer a los bancos y los políticos vamos a tener más problemas. Y es verdad, pero lo que también está claro es que ni los bancos ni la clase política están ofreciendo soluciones. Por tanto, lo único que estamos haciendo es ir a lo menos malo. Eso es el impasse del que hablaba antes.

Muchos expertos señalan que la política de la austeridad mata; no obstante, se mantiene. ¿Por qué cree que es así?

Es evidente que la austeridad no funciona. Nosotros tenemos el 25% de paro y esto es una clara señal de que no funciona. Por tanto, quienes dicen que la austeridad funciona no son los países que la sufren.

Pero en España también tenemos esas cifras de paro y se insiste en el recorte masivo, principalmente en políticas sociales.

Porque es una política dictada por países como Alemania que, de momento, no están viviendo la crisis tan intensamente como España o Grecia. Y porque los alemanes, suecos, finlandeses, etc, piensan que lo que es bueno para ellos tiene que ser bueno para todo el mundo, y no, esto no funciona así.

¿Podría haber una unión de los países del sur para plantar cara a esta política de austeridad?

Podría ser, pero tenemos miedo, porque si lo hacemos los del centro y el norte van a pensar que eso va a suponer una guerra contra ellos. Yo a los griegos les digo siempre que la única solución para luchar contra la pobreza es aceptar la pobreza. Sin embargo, en Grecia esto todavía no se tiene asumido y el único discurso que se dice es “no somos pobres, es que nos han robado el dinero”. Hay que cambiar el discurso, aunque es muy difícil.

Más cuando se dan golpes contra la información como el cierre de la televisión pública griega. ¿Qué le pareció aquello?

La mayor estupidez. Es curioso porque desde antes se fue atacando a la televisión pública diciendo que allí no se trabaja, que está lleno de corruptos. Pero es que no vale para nada este cierre, porque esto no significa que haya un programa ni un planteamiento, sino que simplemente se hizo para que la troika vea que despedimos a 2.600 personas. Esa era el único objetivo.

Pero también fue un golpe para la democracia griega.

¡Por supuesto! Lo que pensaron es que como la gente no tiene gran interés por los medios de comunicación pública, los cerramos y aquí no pasa nada. Sin embargo, la reacción de la gente fue muy fuerte. En cualquier caso, es tan absurdo que un día dicen, vamos a echar a la calle a 2.600 trabajadores públicos y al día siguiente tienen que decir, vamos a recontratar a 2.000. Ionesco tuvo mucha suerte de vivir en el tiempo que vivió, porque pretender hoy escribir sobre el absurdo cuando estamos viviendo una situación completamente absurda, no tendría ningún éxito.

Y en esta situación, ¿qué aconseja usted que podemos hacer la gente? ¿Nos manifestamos, dejamos de pagar, dejamos de votar?

La gente puede protestar, salir a la calle, y tiene que hacerlo. Pero lo más importante es encontrar la fuerza para resistir a todos los niveles. Las manifestaciones son una forma de resistencia, pero no es la única. En cuanto a lo de votar, hay que hacerlo, porque si no se hace es cuando surgen los partidos extremistas, sobre todo de la derecha, como estamos viendo.

¿Cuáles son las otras formas de resistencia?

Ejercer presión por todos los medios que sea a la clase política. Hay que comprometerse y el compromiso es fundamental en esta situación. Cualquier presión que se haga sobre la clase política va a repercutir en todos los otros ámbitos.

Sin embargo, en Grecia hemos visto personas que se han se han suicidado, y no ha pasado nada. Eso provoca una sensación de impotencia entre los ciudadanos.

El problema es que todas estas expresiones se fueron agotando. La gente no se puede manifestar todos los días, por lo que hay que buscar las formas de resistencia y de presión que se puedan ejercer todos los días. Y tampoco podemos decir todo el tiempo las cosas en negativo y señalar a los políticos diciendo que mienten. Es cierto que hay una minoría de jóvenes en Grecia que están empezando ahora a comprometerse y a plantear esta resistencia. Todavía no se ven, pero pronto se va a saber que hay gente que está luchando. Mucha gente que va a los barrios pobres para ayudar a los niños en sus estudios, que compra comida para repartírsela a los parados.

¿Es un movimiento civil que acaba de alguna manera con los planteamientos ideológicos?

En efecto, es un movimiento que todavía no tiene ideología. Es demasiado pronto para eso. Lo que no podemos pretender es que la resistencia y la ideología, en este caso, se desarrollen al mismo tiempo. Son movimientos que están resistiendo, pero aún no tienen ideología. Ya la tendrán. Cuando yo hablo con los jóvenes les digo que proceden de una generación que fue pobre, pero la diferencia con la época actual es que cuando yo era joven había organizaciones que planteaban cómo se podía actuar en esa situación, mientras que ahora no existen estas organizaciones, no hay quien diga cuáles pueden ser las vías y las pautas. En aquellos momentos eran los partidos de izquierdas los que decían “hay que ir a los barrios para hablar con la gente de los bares”. Ahora no se está haciendo eso.

¿Va a escribir sobre esto después de esta trilogía o se encuentra ya cansado?

Estoy escribiendo un epílogo de la trilogía, pero después termino con esto. Es agotador estar durante cuatro novelas hablando de la pobreza y de la gente que está sufriendo. Es muy duro. 

7/7/2013


miércoles, 1 de mayo de 2013

PETROS MÁRKARIS IMPARTIRÁ UN CURSO SOBRE NOVELA NEGRA EN SANTANDER


El escritor, traductor y guionista griego Petros Márkaris impartirá, del 5 al 9 de agosto, un curso sobre novela negra en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander. La idea del Curso es explicar a los estudiantes cómo funciona un género literario, entendida la Novela Negra como género literario.

El Curso empieza con los fundamentos: cómo debe pensar un escritor de novela negra, cuáles son las prioridades, qué hay que tener en cuenta cuando se decide escribir una novela negra.

El segundo paso es establecer cómo concebir una trama. Cuáles son las fuentes que ayudarán al novelista a elaborar el argumento. Cuáles son las diferencias en la trama entre una novela ambientada en la actualidad y otra con contenido histórico.

El protagonista principal: policía, detective privado o cualquier otra persona es un elemento crucial en la novela negra ¿Es preferible para el novelista tener un personaje principal permanente? o ¿es mejor contar con un personaje diferente para cada novela? ¿Cuáles son los personajes fundamentales en una novela negra y cuáles son sus características?

El siguiente paso es desarrollar la narración de la novela. Ya que la novela negra está basada en uno o más crímenes, la narración se construye mediante enredos ideados por el novelista para confundir al lector. Esta técnica es única y el escritor debe mantener vivo el interés del lector sin sacrificar otros aspectos de la novela.

El paso final del escritor de novela negra es explorar las posibilidades de la novela no solo como historia policiaca bien formulada sino como obra literaria que reflexiona sobre diferentes aspectos y problemas de la sociedad, como el blanqueo de dinero o el crimen organizado.



Petros Márkaris nació en Estambul en 1937. Estudió ciencias económicas en Viena y Stuttgart, y se trasladó después a Atenas, donde reside. Guionista de televisión y autor teatral, colaboró en varios guiones del cineasta Theo Angelopoulos. También ha traducido a autores de lengua alemana de la talla de Goethe y Bernhard, y es autor del volumen La espada de Damocles, en torno a la crisis griega y europea. Sin embargo, ha alcanzado fama internacional y merecido prestigiosos galardones, como el Premio Pepe Carvalho 2012, con la serie de novelas policiacas protagonizadas por el comisario Kostas Jaritos, compuesta por los títulos: Noticias de la noche, Defensa cerrada, Suicidio Perfecto, El accionista mayoritario, Muerte en Estambul y Con el agua al cuello (Premio Novela Negra y Criminal). Liquidación final, novela sobre los conflictos morales que plantea la situación económica actual, es el séptimo título de la serie, y también la segunda obra de la llamada "trilogía de la crisis", que se inició con la exitosa Con el agua al cuello.

Kostas Jaritos es comisario de policía del departamento de homicidios en Atenas. De mediana edad, Jaritos ha vivido ya muchos episodios de la historia de Grecia, y ha acabado por aceptar con resignación su pasado de joven policía durante la Junta Militar de los Coroneles; de hecho, lo mejor que le ha quedado de aquella época es su buen amigo Zisis, comunista que sufrió tortura y cárcel. Casado con Adrianí, una mujer tradicional de fuerte carácter que no le ahorra discusiones ni peleas, pero excelente cocinera, a Kostas no le importa comer de vez en cuando comida alta en colesterol y no muy saludable, como los suvlakis.



Y para todos aquellos que se defiendan con el griego moderno, aquí dejamos una breve e interesante entrevista a Petros Márkaris:




miércoles, 28 de noviembre de 2012

PETROS MÁRKARIS: "ESPAÑA ESTÁ COMO GRECIA HACE DOCE MESES"


Petros Márkaris (Estambul, 1937)

Marta Caballero

Al monstruo que recorre Europa hoy se lo conoce Petros Márkaris (Estambul, 1937) de arriba abajo. Sabe muy bien que esto tenía un guión y, como su detective y protagonista de sus libros, en esta ocasión de una trilogía sobre la crisis, conoce cuáles están siendo sus consecuencias. La segunda entrega,Liquidación final, que publica en España Tusquets, comienza con la viva imagen de lo que está siendo la crisis ahora en España y de lo que fue en el país en el que reside, Grecia, hace algún tiempo ya: los suicidios ante la desesperación económica. Hace no demasiado, todo esto nos sonaría a novela negra, que es el género en el que se mueven Márkaris y su Kostas Jaritos, pero por desgracia la escena tremebunda con la que arranca su libro es hoy carne de telediario: suicidio colectivo de cuatro jubiladas que, primero, sufrieron un recorte en la pensión; después, tuvieron que buscar un médico privado para conseguir sus recetas, porque los de la pública estaban en huelga; y, finalmente, se quedaron sin medicinas, pues en la farmacia no se las despachaban porque la Seguridad Social les debía dinero.

Las cuatro señoras, se lee en la nota ficticia que reproduce Márkaris, eligieron morir al percatarse de que eran una carga "para el estado, para los médicos y para la sociedad entera". Helador. Quien tildó a este escritor de agorero sabe hoy que esto está pasando también aquí y más en Grecia, convertida hoy en un muerto viviente, en un cadáver a punto de ser arrojado a la morgue europea. "Qué más nos queda por ver", pregunta retóricamente un personaje al contemplar la estampa de las mujeres muertas. En un hotel de Madrid, de esos de recibidores en los que pasa la crisis, por los que pasean hombres con turbante y mujeres envueltas en pieles, Markaris responde: Aún queda, queda mucho.

De hecho, en el libro que ahora ve la luz hay que retrotraerse a un segundo estadío de la crisis: la vida se ha tornado más abrupta que en la primera novela pero aún no se palpa la desesperación generalizada que hoy existe en Grecia. La cita que abre el libro reza: "Grecia es un enorme manicomio". La pronunció el político Konstantinos Karamanlís, tío del ex primer ministro griego, que también gobernó el país, pero en los 70. Márkaris la explica:

- Karamanlís llegó al poder en 1975, fue el primer ministro tras la caída de la dictadura. Aunque era un político de derechas, intentó darle al país su primera constitución democrática, abolió la pena de muerte e integró a Grecia en el mercado económico europeo. Nunca le voté pero era un tipo muy listo. Al final de su mandato estaba tan desesperado con la resistencia a su política que acabó pronunciando esa frase. Hoy, más que un manicomio, Grecia es un país desesperado por encima de todas las cosas. Los griegos estamos enloqueciendo porque todo está cambiando radicalmente. En los 70 no, pero hoy sí hay motivos para la locura. Las señoras que se suicidan al comienzo del libro sufren lo que está pasando también en España: los recortes primero fueron al estado de bienestar, luego a la educación y finalmente a la cultura. Este es el procedimiento estándar, también en Alemania. Y Grecia empeora cada vez más, cada 15 días hay farmacias que no pueden dar medicinas a los jubilados o a los trabajadores porque la Seguridad Social no les reingresa el dinero de las recetas.

Cuando se lee a Márkaris, cuya escritura, por lo gráfico, es deudora del cine (no en vano fue guionista de Angelopoulos), el lector tiene la sensación de asistir a un documental rodado en tiempo real. Ha tenido la valentía de hacer literatura del presente, de escudriñar la crisis con el género negro como arma. En España, se le cuenta al escritor, casi nadie en narrativa ha tenido esa osadía. ¿Le están ayudando a él sus libros a explicarse lo que ha pasado y lo que está sucediendo hoy, tema que abordará en la casi culminada última parte de su trilogía?

- Intento hacer entender dos cosas a la gente. La primera es que viven una vida desesperada y que deben entender por qué sufren; y la segunda es que lo que los políticos les están diciendo no es la verdad. En el último libro de Kostas Jaritos, que actualmente estoy terminando, tampoco hay lugar para la esperanza, porque si tuviera que dar una perspectiva esperanzadora tendría que empezar una trilogía nueva. Y entonces, quizás, en el tercer libro de nueva saga, acabaría encontrando algo de esperanza.

Si bien en la primera entrega Márkaris se centró en la perfidia de las grandes corporaciones bancarias y en cómo sus trampas empezaron a salpicar a los ciudadanos en el contexto de la Grecia preolímpica, en esta ocasión el libro otorga protagonismo a los individuos que de forma unilateral empezaron a sacar provecho de la crisis y de sus propios paisanos. Es más grave el asunto ahora, ¿no?

- Puede ser, creo que da esa impresión porque la vida en la segunda novela es más difícil que en la primera. Cuando escribí aquella, los griegos no estaban tan mal. La crisis se percibía pero en este libro Atenas es ya la ciudad oscura en la que se ha convertido hoy.

Y tan oscura, la narración es de una consternación y de un pesimismo que aquí todavía no somos capaces de imaginar, aunque nos va sonando. "Se desaconseja imitar los hechos narrados en esta novela", advierte el autor al comienzo. Márkaris asegura haber visto la viva imagen de Grecia en Sevilla el pasado mes de mayo, cuando se percató de la cantidad de gente que no tenía un techo bajo el que guarecerse. "España ya no está como Grecia hace cuatro años, está como Grecia hace 12 meses", sentencia tras haberse paseado por Madrid. Y en este mes de noviembre, ¿cómo está su país? ¿Qué imagen podría alegorizar la situación actual? Márkaris vuelve a helar cuando describe la pesadilla:

"Me despierto de madrugada, casi cada noche, entre las 3 y las 4 de la mañana, por un ruido terrible que oigo. Son inmigrantes rebuscando entre la basura para comer. Lo hacen por la noche para que no les vean los grupos de neonazis. Luego paran y vuelvo a dormirme, pero a las 6 me despierta el mismo ruido: son mis paisanos, los griegos, que aprovechan que las calles están desiertas, porque les da vergüenza buscar alimento en los contenedores.

Y a Kostas Jaritos, ese personaje chapado a la antigua, ralentizado y malhumorado, justo, perspicaz y comprometido que, se empeña en recordar, no es su alter ego sino los retales de varias personas conocidas. A él y a su familia, ¿Qué vida les espera?

- Jaritos ve a Atenas de la misma forma que yo. Mi hija me recuerda que se aburre de escucharnos las mismas bromas a los dos, pero somos diferentes. Su vida familiar es muy distinta a la mía, es mucho más parecida a la de mis padres. De hecho, su relación con su esposa es muy similar a la que tenían ellos. ¿Su futuro? Será más difícil en el siguiente libro, pero allí sucederá algo insólito. La esposa de Jaritos, Adrianí, la típica ama de casa griega y una mujer práctica que ya ha pasado por vicisitudes en la vida, reacciona y aprende a adaptarse.

- En el fondo, reaccionar es lo que nos queda.
- Sí, efectivamente, la gente tiene que aprender a reaccionar ante esta situación. Pero no de forma generalizada, cada grupo debe hacerlo a su manera. Adrianí no puede rebelarse de la misma manera que lo hace Katerina o la gente joven. Este será el tema principal de mi próximo libro. Si hay algo parecido a un mensaje esperanzador es que la gente va a llegar a un punto en el que sabrá que debe reaccionar.



Petros Márkaris - "Liquidación final"
Tusquets Editores
(Barcelona, 2012)
344 páginas - 19,00 €


Enlaces:
Márkaris bucea en el manicomio griego