jueves 28 de enero de 2010

EL VIAJE GRIEGO DE JULIO CORTÁZAR



... La memoria nos teje y atrapa a la vez con arreglo a un esquema del que no se participa lúcidamente; jamás deberíamos hablar de nuestra memoria, porque si algo tiene es que no es nuestra; trabaja por su cuenta, nos ayuda engañándonos o quizá nos engaña para ayudarnos; en todo caso de Atenas se viaja a Cabo Sunion en un autocar destartalado, y eso me lo explicó en París mi amigo Carlos Courau, cronopio infatigable si los hay. Me lo explicó junto con otros itinerarios griegos, cediendo al placer de todo viajero que al narrar su periplo lo rehace y al mismo tiempo saborea un viaje vicario, el que hará ese amigo al que ahora le está explicando cómo se va desde Atenas a Cabo Sunion. Tres viajes en uno, el real pero ya transcurrido, el imaginario pero presente en la palabra, y el que otro hará en el futuro siguiendo las huellas del pasado y a base de los consejos del presente, es decir que el autocar salía de una plaza ateniense hacia las diez de la mañana y convenía llegar con tiempo porque se llenaba de pasajeros locales y de turistas. Ya esa noche, en ese recuento de andanzas y monumentos, la araña eligió extrañamente, poque al fin y al cabo, qué demonios, el relato que me había hecho Carlos de su llegada a Delfos, o el viaje por mar hasta las Cícladas, o la playa de Míconos al atardecer, cualquiera de los cien episodios que abarcaban Olimpia y Mistra, la visión del canal de Corinto y la hospitalidad de los pastores, era más interesante e incitador que el modesto consejo de llegar con tiempo a una plaza polvorienta para tomar un autocar sin peligro de quedarse sin asiento entre cestas de gallinas y marines de quijadas paleolíticas. La araña escuchó todo y de esa secuencia de imágenes, perfumes y plintos fijó para siempre la visión imaginaria que yo me hacía de una plaza a la que había que llegar temprano de un autocar esperando bajo los árboles.


Cabo Sunio - Templo de Poseidón


Fui a Grecia un mes después, y vino el día en que busqué la plaza que naturalmente no se parecía en nada a la de mi imaginación. En el momento no comparé, la realidad exterior invade a codazos la conciencia, el lugar que ocupa un árbol no deja sitio para más, el autocar era destartalado como había dicho Carlos pero no se asemejaba al que yo había visto tan claramente mientras él lo nombraba; por suerte había asientos libres, vi Cabo Sunion, busqué la firma de Byron en el templo de Poseidón, en un tramo solitario de la costa escuché el ruido fofo de un pulpo que un pescador estrellaba una y otra vez contra las rocas.
Entonces de vuelta en París, pasó esto: cuando conté mi viaje y se habló del paseo a Cabo Sunion, lo que vi mientras narraba mi partida fue la plaza de Carlos y el autocar de Carlos. Primero me divirtió, después me sorprendí; a solas, cuando pude rehacer la experiencia, traté de ver aplicadamente el verdadero escenario de esa banal partida. Recordé fragmentos, una pareja de labriegos que viajaban en el asiento de al lado, pero el autocar seguía siendo el otro, el de Carlos, y cuando reconstruya mi llegada a la plaza y mi espera (Carlos había hablado de los vendedores de pistacho y del calor) lo único que veía sin esfuerzo, lo único realmente verdadero era esa otra plaza que había ocurrido en mi casa de París mientras se la escuchaba a Carlos y el autocar de esa plaza.
Esperaba en mitad de la cuadra bajo los árboles que la protegían del sol quemante, y no en una esquina como yo sabía ahora que estaba la mañana en que lo tomé para ir a Cabo Sunion.
Han pasado diez años, y las imágenes de un rápido mes en Grecia se han ido adelgazando, se reducen cada vez más a algunos momentos que eligieron mi corazón y la araña. Está la noche de Delfos en que sentí lo numinoso y no supe morir, es decir nacer; están las horas altas de Mecenas, la escalinata de Faistos, y las minucias que la araña guarda en cumplimiento de una figura que se nos escapa, el dibujo de un mediocre fragmento de mosaico en el puerto romano de Delos, el perfume de un helado en una calleja de Placca. Y además está el viaje de Atenas a Cabo Sunion, y sigue siendo la plaza de Carlos y el autocar de Carlos, inventados una noche en París mientras él me aconsejaba llegar con tiempo para encontrar asiento; son su plaza y su autocar; y los que busqué y conocí en Atenas no existen para mí, desalojados, desmentidos por esos fantasmas más fuertes que el mundo, inventándolo por adelantado para destruirlo mejor en su último reducto, la falsa ciudadela del recuerdo.

Julio Cortázar

(11 de septiembre de 1966)

8 Comentarios/Σχόλια:

Wendy dijo...

Kalispera, Nikos:
Inigualable la literatura de Cortázar.
Aun recuerdo mucho cuando estudiaba en secundaria, los textos de curso de mi hermana mayor hablaban de Cortázar como el genio que siempre fue. Inmediatamente García Marquez ganó el Nobel de Literatura en el 82, fue como si Cortazar no hubiese existido. Una pena la escasa visión de los textos de literatura de secundaria de mi época( y la de profesores malévolos y perversos que tuve en aquel entonces!). Pero para mi, siempre fue de los mejores. Paz en su tumba.
Douze points pour vous!
Shalom lejá
Wendy

El Anfitrión Griego dijo...

Voz de Dafne

Supón que de verdad Dafne murmura
en lo que llamas quejas de esta planta,
sin sospechar la dicha que suplanta
en verde luz la antigua criatura.

Siente temblar al viento mi cintura
donde se enreda el día que adelanta,
la voz multiplicada que te canta,
¡oh Apolo, esta tristeza de ser pura!

Río del aire, estremecida escala
donde la danza aprende la cadencia
y urden abeja y flor su claro juego,

te amaré, dios de miel, tortura de ala,
con la misma encendida resistencia
con que te huí mujer y árbol me entrego.

Julio Cortázar.

Tres_Leches dijo...

Julio Cortazar y Mario Vargas Llosa como traductores de la UNESCO en Atenas, 1967 (aquí)

VERÓNICA MARSÁ dijo...

Increible, eso mismo me pasa a mí con Syros. Siempre veo la isla con los ojos y las descripciones de mi amiga Andriana ¡y mira que he ido veces! pero, sus recuerdos son los míos y los míos nunca serán suyos porque son los mismos.

Φιλάκια, φίλε μου.

Eurodani dijo...

Kalispera, Nikos:

Una más de esas evocadoras reflexiones que provoca la observación de paisajes griegos. Yo también tengo mis propios recuerdos de rincones griegos que han quedado atrapados como un arañan en un rincón de mi memoria: una puesta de sol sentado en la acropólis de Lindos (Rodas) escuchando el sonido de las chicharras y observando como los burros suben y bajan la colina hasta la plaza de casas blancas del pueblo.

Νίκος-Εμμανουήλ dijo...

@Wendy:
Merci beacoup!
Uno de los mejores; sin duda alguna.
Shalom laj ve laila tov!


@Anfitrión:
¡Hermosísisma!
Gracias


@Tres_Leches:
Σπάνια φωτογραφία!!!
Ευχαριστώ πάρα πολύ


@Verónica:
Con qué sencillez y qué bien lo has explicado. Es cierto: cuando nos informan de un lugar antes de conocerlo, siempre prevalece esa impresión a la que tenemos cuando realmente lo conocemos.
Cierto e inexplicable...
Πολλά φιλάκια!


@Dani:
Muy hermosos también tus recuerdos de Grecia.
Gracias por compartirlos.
Un abrazo

ηκούκλαδεθέλει dijo...

Καλισπέρα Νίκο
Uno disfruta leyendo a escritores de la talla de Cortázar. Su visión y experiencias en Grecia quedan supeditas a las románticas narraciones de su amigo, a sus sensaciones. Creo que el día que vaya a Grecia también buscaré bajo la influencia de lo que me han contado una plaza en concreto, una taberna, un músico callejero y una puesta de sol como las que he visto en las fotos de las guías de viaje. La literaruta sobre viajes creo que se compone mucho de eso, una fusión de tu experiencia personal con las experiencias que has sentido contar.
Me ha gustado mucho la historia de Cortázar...

un abrazo

Νίκος-Εμμανουήλ dijo...

Καλησπέρα Κούκλα!

Gracias por tu comentario. Me alegra saber que te ha gustado el texto de Cortázar, y me sorprende un poco que todavía no hayas ido a Grecia.

¡Ya estás tardando!

Un fuerte abrazo y hasta pronto