Grecia es un Estado fascinante, con cierta tendencia a la división interna. Futbolísticamente hablando, forma parte del club de Estados en los que hay dos gigantes que monopolizan la mayor parte de la información y la admiración: Panathinaikós y Olympiakós. El triunfo del Barça [frente al Panathinaikós] fue celebrado por una de las dos caras de esta historia griega. Cierto es que Grecia, históricamente, se ha empeñado en dividirse. Incluso en "subdividirse". De hecho, ellos también tuvieron su guerra civil.
Su guerra no fue tan mediática como la Guerra Civil española. En 1936, en Europa, algo se movía, y la gente lo sabía. Por tanto, la prensa extranjera de la época envió a España muchos periodistas y le dedicó grandes titulares. Aquella cruda guerra vino a ser como unos entrantes de lo que vendría después, a pesar de que no todos lo sabían. La Guerra Civil griega, en cambio, no fue en absoluto mediática, ya que constituyó el postre. Después de toda la Segunda Guerra Mundial, de Dunkerke, Auschwitz, Estalingrado e Hiroshima, la gente tenía la piel tan dura que bien poco importaba que un pueblo más se matara. Aquel grupo de griegos que hasta poco antes habían luchado contra los nazis, unos enarbolando banderas rojas y otros con rosarios y cruces ortodoxas en el cuello, se perseguían ahora sin piedad entre ellos. El hecho de que griegos barbudos equipados por el ejército inglés y americano persiguieran por las montañas a otros griegos barbudos, cortándoles la cabeza, ya no parecía algo escandaloso en una Europa que había perdido la inocencia.
Como consecuencia de aquella guerra, miles de personas cruzaron las montañas que separan Grecia de la Antigua República Yugoslava de Macedonia y Bulgaria por el hecho de haber escogido una tendencia política equivocada. Eran de izquierdas, y los comunistas habían perdido la guerra civil. La frontera, sin embargo, no la cruzaron únicamente partisanos con las manos manchadas de sangre. Abogados, Marineros o profesores de universidad huyeron también como pudieron, ya que los vencedores no tuvieron piedad de los derrotados.
El doctor Petros K
ókkalis fue uno de ellos. Este prestigioso médico era un socialista convencido, hecho que le había llevado a la montaña cuando los nazis protagonizaron aquella extraña jugada que fue la invasión de un Estado que ya era fascista: la Grecia de Metaxás. Cosas de Mussolini, el aliado más importante de Hitler... Volvamos, empero, a Kókkalis, quien ya odiaba al gobierno de Metaxás, pero que subió a la montaña cuando éste plantó cara a Hitler. Para alguien como Kókkalis, que había estudiado en Zurich y Berna, era un paso difícil. La montaña en Grecia es sumamente dura. Y la guerra, todavía más.
Una vez terminada la guerra, el doctor Kókkalis formó parte del primer gobierno griego de transición, como ministro. Pero entonces estalló la Guerra Civil y él se encontraba en el bando equivocado. En 1949, fue uno más entre los miles de griegos que abandonaron su patria. El profesor Kókkalis no regresó jamás, pues moriría en Berlín Este en 1962.
Petros Kókkalis no volvería a ver Grecia nunca más, a pesar de que fue su última voluntad ser enterrado allí. Su hijo Socratis, en cambio, conocería Grecia por primera vez en 1969, cuando aterrizó en Atenas con una licenciatura en Física debajo del brazo, en condición de delegado en territorio griego de empresas estatales de la Alemania Oriental. Pero Socratis Kókkalis no era como su padre.
Si su padre se jugó la piel en las montañas con un fusil a la espalda para defender los ideales de Marx, su hijo dio prioridad a su ego. Si el padre sudaba realizando operaciones de tórax pioneras en Grecia, el hijo sudaba por enriquecerse. En pocos años, Socratis Kókkalis, delegado de un Estado comunista en un país controlado por militares de derechas, se convirtió en un empresario de éxito, levantando el imperio INTRACOM, grupo que actualmente controla empresas relacionadas con la física y la telecomunicación. Así pues, cuando la democracia llegó finalmente a Grecia, Socratis Kókkalis ya era bastante famoso por sí mismo.
Sin embargo,
a Socratis Kókkalis la fama le llegaría en 1993, cuando compró el Olympiacós. En el imaginario colectivo griego, este club deportivo sería aquel que reuniría a muchos votantes de izquierdas en las gradas, puesto que fue fundado en una ciudad trabajadora: El Pireo. La derecha, en cambio, llegaría al palco del estadio del Panathinaikós, club que casi siempre ha contado con el apoyo de los militares y pequeños dictadores contemporáneos griegos. Tópicos aparte, Kókkalis se gastó una enorme cantidad de dinero en hacer de su equipo una potencia, y de hecho, lo consiguió. Desde 1997 hasta la actualidad, el Olympiacós ha ganado todas las ligas de fútbol, excepto las de 2004 y 2010 (doce ligas en catorce años), así como seis copas y otros títulos importantes como la Copa de Europa de baloncesto (1997), waterpolo (2002) y voleybol (1996 y 2005).
Para media Grecia, pues, Kókkalis es un héroe. Para la otra media, un empresario que controla la Federación Griega de Fútbol, tiene vínculos políticos y un pasado oscuro. El pasado de Kókkalis es oscuro, eso es evidente. En 1997, cuando se abrieron los archivos de la policía secreta de la RDA, la Stasi, un juez alemán afirmó que el joven Kókkalis fue infrmador suyo con el sobrenombre de "Rocco".
A veces, una casualidad te marca. A Kókkalis le ocurrió. Todo comenzó cuando acompañó a su padre a dar unas conferencias en Alemania Occidental. A la vuelta, fue detenido con artículos de contrabando en su coche. Hechos como estos eran aprovechados por la Stasi para reclutar informadores: si aceptabas ayudarles, te perdonaban; si no aceptabas, ibas a la cárcel. El actual presidente del Olympiacós trabajó para la Stasi hasta mediados de la década de los ochenta. De hecho, se le relacionó con antiguos políticos de la Alemania del Este acusados de corrupción, personajes con quienes habría tenido tratos para levantar INTRACOM, un imperio económico que, con el paso del tiempo, le permitió comprar el Olympiacós. Ciertamente, cuando el doctor Petros Kókkalis llegó a Berlín, lo último que habría imaginado es que su hijo acabaría comprando un equipo de fútbol con dinero conseguido, en parte, gracias a la policía secreta. El padre simpatizó con unos ideales. El hijo no, pero terminó sacando más provecho.
Algún día volveremos a la Guerra Civil griega como génesis de una historia futbolística. En Grecia, desde tiempos inmemoriales, al principio de todo, siempre hay una historia interesante.
Tiempo añadido:
La película "Los cazadores", de Theo Anguelópulos (1977), es una fábula sobre la división griega y las heridas no cerradas de la Guerra Civil. Sobre las dos Grecias, sobre el pasado y el peso de la memoria.
Su guerra no fue tan mediática como la Guerra Civil española. En 1936, en Europa, algo se movía, y la gente lo sabía. Por tanto, la prensa extranjera de la época envió a España muchos periodistas y le dedicó grandes titulares. Aquella cruda guerra vino a ser como unos entrantes de lo que vendría después, a pesar de que no todos lo sabían. La Guerra Civil griega, en cambio, no fue en absoluto mediática, ya que constituyó el postre. Después de toda la Segunda Guerra Mundial, de Dunkerke, Auschwitz, Estalingrado e Hiroshima, la gente tenía la piel tan dura que bien poco importaba que un pueblo más se matara. Aquel grupo de griegos que hasta poco antes habían luchado contra los nazis, unos enarbolando banderas rojas y otros con rosarios y cruces ortodoxas en el cuello, se perseguían ahora sin piedad entre ellos. El hecho de que griegos barbudos equipados por el ejército inglés y americano persiguieran por las montañas a otros griegos barbudos, cortándoles la cabeza, ya no parecía algo escandaloso en una Europa que había perdido la inocencia.
Como consecuencia de aquella guerra, miles de personas cruzaron las montañas que separan Grecia de la Antigua República Yugoslava de Macedonia y Bulgaria por el hecho de haber escogido una tendencia política equivocada. Eran de izquierdas, y los comunistas habían perdido la guerra civil. La frontera, sin embargo, no la cruzaron únicamente partisanos con las manos manchadas de sangre. Abogados, Marineros o profesores de universidad huyeron también como pudieron, ya que los vencedores no tuvieron piedad de los derrotados.
El doctor Petros K
ókkalis fue uno de ellos. Este prestigioso médico era un socialista convencido, hecho que le había llevado a la montaña cuando los nazis protagonizaron aquella extraña jugada que fue la invasión de un Estado que ya era fascista: la Grecia de Metaxás. Cosas de Mussolini, el aliado más importante de Hitler... Volvamos, empero, a Kókkalis, quien ya odiaba al gobierno de Metaxás, pero que subió a la montaña cuando éste plantó cara a Hitler. Para alguien como Kókkalis, que había estudiado en Zurich y Berna, era un paso difícil. La montaña en Grecia es sumamente dura. Y la guerra, todavía más.Una vez terminada la guerra, el doctor Kókkalis formó parte del primer gobierno griego de transición, como ministro. Pero entonces estalló la Guerra Civil y él se encontraba en el bando equivocado. En 1949, fue uno más entre los miles de griegos que abandonaron su patria. El profesor Kókkalis no regresó jamás, pues moriría en Berlín Este en 1962.
Petros Kókkalis no volvería a ver Grecia nunca más, a pesar de que fue su última voluntad ser enterrado allí. Su hijo Socratis, en cambio, conocería Grecia por primera vez en 1969, cuando aterrizó en Atenas con una licenciatura en Física debajo del brazo, en condición de delegado en territorio griego de empresas estatales de la Alemania Oriental. Pero Socratis Kókkalis no era como su padre.
Si su padre se jugó la piel en las montañas con un fusil a la espalda para defender los ideales de Marx, su hijo dio prioridad a su ego. Si el padre sudaba realizando operaciones de tórax pioneras en Grecia, el hijo sudaba por enriquecerse. En pocos años, Socratis Kókkalis, delegado de un Estado comunista en un país controlado por militares de derechas, se convirtió en un empresario de éxito, levantando el imperio INTRACOM, grupo que actualmente controla empresas relacionadas con la física y la telecomunicación. Así pues, cuando la democracia llegó finalmente a Grecia, Socratis Kókkalis ya era bastante famoso por sí mismo.
Sin embargo,
a Socratis Kókkalis la fama le llegaría en 1993, cuando compró el Olympiacós. En el imaginario colectivo griego, este club deportivo sería aquel que reuniría a muchos votantes de izquierdas en las gradas, puesto que fue fundado en una ciudad trabajadora: El Pireo. La derecha, en cambio, llegaría al palco del estadio del Panathinaikós, club que casi siempre ha contado con el apoyo de los militares y pequeños dictadores contemporáneos griegos. Tópicos aparte, Kókkalis se gastó una enorme cantidad de dinero en hacer de su equipo una potencia, y de hecho, lo consiguió. Desde 1997 hasta la actualidad, el Olympiacós ha ganado todas las ligas de fútbol, excepto las de 2004 y 2010 (doce ligas en catorce años), así como seis copas y otros títulos importantes como la Copa de Europa de baloncesto (1997), waterpolo (2002) y voleybol (1996 y 2005).Para media Grecia, pues, Kókkalis es un héroe. Para la otra media, un empresario que controla la Federación Griega de Fútbol, tiene vínculos políticos y un pasado oscuro. El pasado de Kókkalis es oscuro, eso es evidente. En 1997, cuando se abrieron los archivos de la policía secreta de la RDA, la Stasi, un juez alemán afirmó que el joven Kókkalis fue infrmador suyo con el sobrenombre de "Rocco".
A veces, una casualidad te marca. A Kókkalis le ocurrió. Todo comenzó cuando acompañó a su padre a dar unas conferencias en Alemania Occidental. A la vuelta, fue detenido con artículos de contrabando en su coche. Hechos como estos eran aprovechados por la Stasi para reclutar informadores: si aceptabas ayudarles, te perdonaban; si no aceptabas, ibas a la cárcel. El actual presidente del Olympiacós trabajó para la Stasi hasta mediados de la década de los ochenta. De hecho, se le relacionó con antiguos políticos de la Alemania del Este acusados de corrupción, personajes con quienes habría tenido tratos para levantar INTRACOM, un imperio económico que, con el paso del tiempo, le permitió comprar el Olympiacós. Ciertamente, cuando el doctor Petros Kókkalis llegó a Berlín, lo último que habría imaginado es que su hijo acabaría comprando un equipo de fútbol con dinero conseguido, en parte, gracias a la policía secreta. El padre simpatizó con unos ideales. El hijo no, pero terminó sacando más provecho.
Algún día volveremos a la Guerra Civil griega como génesis de una historia futbolística. En Grecia, desde tiempos inmemoriales, al principio de todo, siempre hay una historia interesante.
Tiempo añadido:
La película "Los cazadores", de Theo Anguelópulos (1977), es una fábula sobre la división griega y las heridas no cerradas de la Guerra Civil. Sobre las dos Grecias, sobre el pasado y el peso de la memoria.

7 Comentarios/Σχόλια:
Kalispera, Nikos:
Interesante artículo nos traes a tus lineas hoy, con la relacion entre el deporte y su afición con los aconteceres de una nación.
No miremos mucho la historia de clubes deportivos en estas latitudes del Atlántico, que el tema daría mucho de si, y eso que desde hace rato la "Decepción Colombia" - a eso no se puede llamar Selección- cada vez se cubre de gloria, y de qué forma. Ya hasta la insufrible seleccion del incómodo pais vecino del Este que nos toca en (mala) suerte nos gana, cuando antes era la tipica delegación de relleno.
Un abrazo futbolero
Wendy
Kalispera, Nikos:
¡Cuántos paralelismos entre la historia contemporánea griega y española! Ahora entiendo el porqué simpaticé más con el Olympiacós. Después está el AEK Atenas, que parece salvarse de esa dualidad.
Interesante historia la que hoy nos traes.
Un abrazo
Muy pero que muy interesante. La dualidad es interesante cuando se establece un diálogo, el problema de los países mediterráneos, o del género humano tal vez, es que nos dividimos y subdividimos hasta que no queda molécula por dividir. Por eso los partidos políticos de izquierda son chorrocientos mil y los de derecha se hacen piña! Cuando alguien piensa, digo piensa y lo relaciono con la antigua izquierda resplandeciente de intelectuales como ocurrió con el doctor Kókkalis, puede o bien compartir pensamiento o bien pensar que es el mejor; en el último caso ya sabemos el resultado ¡Una nueva subdivisión! Entonces, o tienes seguidores y montas un partido, una cooperativa, una secta o un equipo de futbol, o te quedas más sólo que la una.
El género humano tiene ya poco de lo que sorprenderse y con lo que sorprender!!!
Muy buena entrada, compañero!
Y polémica!
Ahí va un "taper". Besito.
@Wendy:
Ciertamente, hace algunos años tenía algunas referencias del fútbol colombiando gracias a algunos jugadores, compatriotas tuyos, de cierto renombre. Ahora, nada de nada.
Besos
@Dani:
Siempre me sorprendió ese paralelismo entre el devenir histórico de Grecia y España. ¡Y lo más curioso es que todavía sigue!
Un abrazo
@Verónica:
Tengo un amigo que suele comentar que la izquierda, en España, solamente logra estar unida en un lugar: ¡la cárcel!
¡Gracias por los dulces!
Jajaja...
Bon día Nikos
Son tremendas las historias de las guerras, y adivino que en Grecia hubo tiempos muy duros y sangrientos que como tu indicas en tu post, aquí en la Europa occidental y "aliada" se desconocen. Sobre todo aquí, en España, cuando por esas fechas vivíamos de espaldas al mundo. ¡qué contrastes entre padre e hijo! el padre tan idealista y el hijo un sin escrúpulos...y tan apasionante la vida de uno como de otro...!!!
muy interesante la historia, he disfrutado leyéndola.
un abrazo y buen finde, amigo Nikos
María
Buenísima entrada! y más para mí, seguidor de Olympiakos. Lo único que no me parece bien de este hombre como presidente es que a veces me recuerda al del madrid: hacer un equipo campeón a base de talonario. Lo que hicieron el año pasado para intentar ganar la euroliga de basket fue una barbaridad económica.
Lo de los paralelismos entre España y Grecia, cada vez tengo más claro que somos calcados, cuando poco al 90 %.
Gracias Nikos por esta entrada. Espero muchas como esta!
καλό Σαββατοκύριακο!
@María
@Juan Pedro
Muchas gracias por compartir vuestros comentarios.
Buen fin de semana y buen "Puente de la Constitución"
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